Capítulo ocho : Encantador.
Las lágrimas caían por mi rostro y sentía la fuerte brisa despeinando mi cabello, más el silencio sepulcral de aquella habitación en dónde pasé años de mi vida escuchando los cuentos para dormir de mamá y sus buenas noches, la iba a recordar de esa forma siempre. Aunque mentía si decía que la imagen de la última vez que la vi se había borrado de mi mente.
Porque aún seguía allí.
Su mirada decepcionada de mi, de todos mis errores, de lo mucho que sufrió por mi causa. Terminar con mi dolor sería