Mundo ficciónIniciar sesiónElisa se quedó petrificada, el hombre le apuntaba con el arma justo a la cara y ella no podía hacer nada, estaba demasiado lejos para intentar quitársela y demasiado cerca para huir. Se insultó a sí misma por no seguir la corazonada que había sentido apenas entró al lugar y haber agarrado a su esposo y haberse largado.
—¡Quieto! —gritó alguien







