Rehan permaneció quieto, cada instinto agudizado, cada sentido sensible al silencio. El bosque ha cambiado y el viento ya no se mueve igual, las hojas de arriba apenas susurran, e incluso el zumbido lejano de los insectos se ha desvanecido en algo cauteloso.
Su lobo se movió, algo iba mal, "Lo sé," susurró Rehan, el aroma la golpeó de nuevo, esta vez era más fuerte, olía a sangre y a algo metálico como hierro viejo empapado en la tierra, así no olían los rebeldes.
Su cuerpo reaccionó antes de