Así que ella mantuvo un silencio muy discreto.
En medio de la locura de la multitud, Odón gritó: —Hoy voy a enseñarte, arrogante bastardo, que la dignidad del Gran Imperio del Sol Naciente no puede ser profanada.
Mientras hablaba, Odón dio un paso hacia adelante, y en sus manos se formó una lanza de cinco metros de longitud.
En ese momento, Odón estaba envuelto por completo en relámpagos, y la lanza eléctrica resonaba y brillaba, como si el dios del trueno hubiera descendido, con una energía esp