—Sí.
A diferencia de la alegría evidente en Isolde, Constanza se mantuvo tranquila, como si todo hubiera sucedido tal y como lo había previsto.
Simón abrió asombrado los ojos y, al ver los ojos enrojecidos de Isolde, dijo: —Isolde, estoy bien, no tienes por qué preocuparte por mí. ¿Qué hay de Baelor? ¿Está bien?
Isolde, sabiendo que Simón era una persona fuerte y orgullosa, de inmediato se secó las lágrimas. Luego miró hacia Constanza y preguntó: —Señorita Constanza, Baelor estará bien, ¿verdad?