Pero ante los ojos de Álvaro, un jefe del departamento de seguridad ciudadana en la ciudad era como una simple hormiga, muy fácil de atrapar.
Especialmente cuando se involucraba a Miguel en el asunto, era necesario esclarecer completamente el caso, asegurándose de que fueran inmediatamente a la cárcel, para justificar su propio viaje personal y la llamada telefónica que Miguel le hizo personalmente.
Los agentes especiales subieron al coche a Enzo y a los demás, que estaban totalmente asustados.