Simón se apartó y miró iindiferentemente a Mauricio.
Mauricio se sorprendió al ver la agilidad de Simón.
Los dos guardias levantaron sus armas, apuntando hacia Simón.
En ese momento, Lourdes dijo apresuradamente: —No disparen, nosotros nos encargamos.
Mauricio refunfuñó con desprecio y rodeó a Simón, diciendo fríamente: —Mira, sabes cómo luchar.
—Siendo un mercenario, tratar con ustedes no es ningún problema.
Simón no estaba mintiendo, de hecho, era un mercenario, pero no uno común.
Mauricio ref