Cada paso en dirección a la puerta de vidrio que llevaba a los jardines laterales aumentaba la sensación de que algo importante estaba a punto de suceder. Mi corazón latía en un ritmo acelerado, bombeando adrenalina por mis venas en una mezcla electrizante de nerviosismo y determinación.
Cuando me acerqué a la puerta ornamentada, sentí el aire más fresco viniendo de afuera, una brisa suave que contrastaba con la atmósfera caldeada del salón. Extendí la mano hacia la manija dorada, respirando profundo para prepararme para lo que sea que me esperara del otro lado.
—Mira nada más...
La voz cortante de Alessandra surgió detrás de mí como una cuchilla, interrumpiendo bruscamente mi movimiento. Cada palabra cargaba ese tono venenoso que ya había aprendido a reconocer.
—¿Lista para desfilar por ahí como si nada hubiera pasado allá afuera? Valiente, lo admito. Pero me pregunto... ¿hasta dónde llega esa valentía cuando Bellucci entera empiece a hablar de ti?
Me volteé despacio, encontrando