—Yo no soporto estar aquí —protestó Leonardo, mientras miraba las agujas del reloj.
Su amigo, Juan lo miraba con algo de empatía. Aunque en parte, ya no soportaba los gruñidos de su amigo.
—Es solo un tiempo —mencionó Juan.
—¡Dije que estaba bien, no necesito estar en esta clínica! —protestó Leonardo
—¡Bueno..! Ya se acabó el horario de visita —señaló el reloj, y Leonardo puso los ojos en blanco.
—Da igual, vete.
Su amigo desapareció con una sonrisa. Leonardo nuevamente se quedó solo. Lo había