NATHANIEL STORM
La oí, pero me negué a recrearme en el impacto de su confesión.
En cambio, me centré en sonsacarle más verdad. Con suficiente información, ella y el necio con el que trabaja pagarán eternamente por sus horribles crímenes.
Entonces, apreté con más fuerza su barbilla y le pregunté: “No hiciste esto sola. ¿Quién es tu cómplice?”.
—¿Cómo se te ocurre esa pregunta? —espetó—. ¿Vas a ignorar que Raya es mía? ¿De verdad crees que esa loca es su madre?
Eso puso a prueba mi paciencia. Par