SARAH PIERCE
Nathaniel tenía razón. Mañana podría llegar y verme obligado a regresar a ese infierno. Lo sé porque siento una oscuridad que se adentra lentamente en lo más profundo de mi alma con un hambre que no será fácil de combatir.
La alegría que siento ahora, gracias a Nathaniel, puede que no la vuelva a experimentar mañana.
Y, para colmo, hasta el médico confirmó mis temores: que mi estado no puede considerarse estable.
¡Qué triste! ¡Lo odio!
Pero…
Al menos tengo que disfrutar de la emoci