Lucas
— Ya llegamos, señor— me dice Owens, cuando aparcamos en la calle principal del pequeño pueblo a las afueras de la ciudad.
Belle Harbor era un lugar simple y sencillo y yo casi podía entender por qué ella prefería estar aquí. Había poco ruido y era como si no sucediera nada significativo, en calma, y sin disturbios.
Teníamos un plan bien marcado y lo habíamos empezado a seguir, yo tenía que encontrar pruebas de que había algo tramado, quién sabe desde cuándo y que Dalila había sido el