Capítulo 46. La fiesta.
Los gritos, los aplausos y los llantos no pudieron faltar. En el mismo momento en que el sacerdote nos declaró marido y mujer todos nuestros invitados se pusieron de pie para festejar con nosotros la gran felicidad que sentíamos en nuestro interior.
Alessio había derramado unas lágrimas durante la ceremonia y no había visto algo más tierno en mi vida, saber que se encontraba así de emocionado por casarse conmigo me hacía dichosa. Pero ahora era mi momento, ahora era yo quien no podía dejar de