Capítulo 145: Necesito que seas mía.

Una sonrisa burlona se dibujó en los labios del señor Fiorentino, que, con las manos en la cintura, negó lentamente, dejando escapar un suspiro de molestia.

—Acabas de escucharme decir que sé que Marco volverá a buscarte. ¿Me crees tan estúpido? —su fría mirada azul se clavó en su exesposa, y en un movimiento rápido, la agarró de la muñeca, acercándola a él con fuerza.

—¡Lo sabía, Angelo! —gritó Cassandra, forcejeando—. Todo lo que quieres es…

—Haz silencio, no he terminado de hablar —la in
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