—¿Señor Fiorentino, está bien? —le preguntó uno de los guardaespaldas preocupado.
Angelo exhaló, intentando mantener la calma. A la vez que alisaba su cabellera negra con su mano.
—Al menos ahora lo sé.
—¿Saber? —preguntó el guardaespaldas.
—Por dónde empezar —salió Angelo de la mansión Brenaman. Él detuvo sus pasos una vez más, y volvió a ver al propiedad en ruinas.
Segundos después, continuó avanzando a la salida.
……….
A medio día. En la mansión del señor Fiorentino.
Angelo b