Dentro de la mansión Fiorentino, Angelo entró acompañado de Madeline.
—¿Dónde demonios está Robert? —alzó la voz, el CEO, al ver que el vestíbulo estaba desierto, salvo por una de las sirvientas.
—El mayordomo tuvo un imprevisto de salud. La cena no le sentó bien. Me pidió que lo recibiera —respondió la sirvienta con una sonrisa que ocultaba algo siniestro.
—¡Al diablo! ¡Llama a Robert y dile que lo espero en mi habitación! ¡Dile que…! —su voz se cortó cuando un nuevo mareo lo golpeó, si