El piso treinta de Cole Enterprises parecía un manicomio de lujo a punto de volar por los aires.
La bomba nos explotó en la cara a primera hora: los planos técnicos y la estructura de costos del nuevo complejo gubernamental —el contrato multimillonario del año— se habían filtrado a nuestra peor competencia. Una jugada sucia y precisa que tenía a la junta directiva al borde del infarto y a la firma entera tambaleándose.
En su despacho, Nathaniel caminaba de un lado a otro como un león enjaula