Fue como si se hubiera arrojado una piedra a un lago.
El corazón de Gregory dio un vuelco. Por alguna razón, comenzó a entrar en pánico. Parecía abatido como de costumbre, pero había un brillo misterioso en su mirada.
“Vickie, te dije que vinieras. Discutiremos esto una vez más”.
“No hay nada más que discutir”. Vickie sonaba distante y su voz estaba teñida de evidente agotamiento. “Gregory, hoy has perdido. ¿No prometiste que estarías de acuerdo en hacer algo por la otra parte?”.
El hombre e