¡Era imposible!
Nell Jennings se negó sin pensarlo dos veces.
“¡No te besaré!”.
Ella dijo esto y volteó la cabeza hacia un lado.
La mirada del hombre se volvió fría. Se enderezó y la miró.
De repente, se burló.
Esa burla fue como un grito bajo de un animal extremadamente feroz, lo que hizo que Nell sintiera inexplicablemente un escalofrío por la espalda.
¿Ella sintió vagamente como si hubiera escuchado esto antes?
El hombre dijo con frialdad: “Ahora eres mi mujer. Estamos en la selva. In