Su suposición fue totalmente correcta. En efecto, Lily estaba lista para cenar. Al principio, había tenido suficiente por ese día y pensó quedarse en su habitación, pero la recomendación de Alexander despertó su interés. Para Lily, la alegría de la vida no trataba solo de hacer fragancias, sino también de comer. La comida siempre la animaba.
Lily había planeado invitar a Giselle, pero al acercarse a la puerta de ella, volvió a reflexionar sobre si debía invitarla, dada la probabilidad de q