Alexander permaneció contemplativo, pensando si ella se estaba volviendo envidiosa.
Al observar sus ojos juguetones, comprendió que simplemente se estaba burlando de él.
Con paciencia, cortó un trozo pequeño de filete de tamaño perfecto y se lo acercó a los labios con el tenedor.
—Cualquiera que sea su tipo, no me concierne. Lo que sí sé es que si no te alimento bien, ¡acabarás llorando porque tendrás hambre a la vuelta!
—Te estás quejando de mis hábitos alimenticios, ¿eh? —Ella le lanz