Pronto llegaron al hotel que Lucas les había reservado.
Luna y Gwen bajaron del coche en cuanto éste se detuvo.
Joshua soltó una débil risita mientras seguía a las dos parlanchinas mujeres hasta el hotel, arrastrando las maletas tras él.
Incluso después de acomodarse, Luna y Gwen seguían charlando sin parar.
Habían pasado tanto tiempo separadas que se echaban mucho de menos. Aunque se habían mantenido en contacto constantemente a través del teléfono, nada era mejor que verse en la vida r