Rosalyn cerró los ojos y esperó a que el dolor envolviera todo su cuerpo.
Ella escuchó el sonido del cuchillo atravesando la piel, pero curiosamente, no sintió el dolor que esperaba.
El hedor de la sangre llenó sus fosas nasales.
Rosalyn frunció el ceño y abrió los ojos.
Una mano familiar estaba sujetando el cuchillo, a unos centímetros de su rostro, y sus ojos se abrieron de par en par al reconocerla.
"¡Charles!".
El hombre que había interceptado el cuchillo con sus propias manos, impidie