Cuando Luna levantó la cabeza y observó la escena que tenía delante, se quedó tan sorprendida que casi se desmayaba.
Nigel estaba atado a una roca gigante al borde del acantilado, con los pies descalzos y todo el cuerpo suspendido sobre una caída que parecía interminable.
Mientras tanto, Fiona se apoyaba elegantemente contra la roca, con las cejas ligeramente levantadas y una sonrisa burlona en los labios.
Ella sostenía un cuchillo afilado en la mano y la luz brillaba en la hoja bajo la llu