En Londres ya era de noche cuando Sol llegó con su hija. A pesar de estar lloviendo las dos miraban todo maravilladas. Estaban muy entusiasmadas con su nueva vida en aquel país. Entrando en el aeropuerto una voz detrás de ellas les llamó la atención.
–¿Solange Robledo? –Preguntó un hombre alto, con unos penetrantes ojos verdes, que les sonreía con amabilidad.
–Sol, me llamo Sol y esta es mi hija Estrella. –Contestó la chica y el hombre se fijó en la niña que lo miraba con el ceñito muy fruncido