No digo nada y simplemente la sigo escaleras abajo. Cuando llegamos al primer piso me lleva al fondo del gran jardín que tiene la casa, la veo detenerse en la puerta negra que tantas veces me dio curiosidad y cuando la abre la miro a los ojos.
—¿Crees que es seguro?, porque no traigo mis armas conmigo —Sonríe.
—Yo si traigo las mías, estaremos bien, necesitas mirar esto —Asiento siguiéndola a dentro.
Pasamos un oscuro pasillo y cuando llegamos a un tipo de celdas tapo mi nariz porque el olor es