Mundo ficciónIniciar sesión—¡Basta! —vociferó Adal—. Es que no se dan cuenta del peligro que hay aquí.
—Déjenlo ya —intervino Ángel, levantando un alambre del cercado de la hacienda—. Sigamos.
Ambos se separaron pero la atmósfera era insoportable. Empezaron las indirectas, el







