Ese domingo, mientras aún Steve dormía, apareció Larissa en la mansión Bullock; Hugh estaba desayunando solo. Larry aún no regresaba, pero eso no es preocupación para él, ya que con el estilo de vida de su hijo, no le resultaba extraño que amaneciera fuera de casa.
—Querido suegro ¿Cómo estás?
—Bien, Larissa. ¿Desayunaste? Acompáñame que estos hijos míos no aparecen por ningún lado.
—Con gusto le acompaño, pero solo con café y sin azúcar.
Hugh le hizo señas a la empleada para que se ocupara en