Verguenza

Una sonrisa casi juguetonamente ladeada iluminó la cara de Axel mientras esperaba pacientemente a su compañera. Celia lentamente siguió su ejemplo y se levantó del suave capullo de su edredón para ponerse algo de ropa. Sus ojos disfrutaban de su piel desnuda y flexible, pintada de bronce por la luz del sol de la mañana.

Un viaje rápido a la ducha era una necesidad desesperada para ambos después de tal noche. No habían dormido mucho y, como prometió, su boca había probado cada centímetro de ella.

-¿A qué hora te vas hoy?- Sus dedos le hicieron cosquillas en la palma de la mano mientras ambos se paraban cerca de la puerta hacia el área principal de la Tienda Medica.

-No estoy seguro- La sonrisa permaneció.

La puerta colgante se movi

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