Capítulo quince.

Pronto fui rodeada por una docena de mujeres y hombres armados hasta los dientes, nueve hombres y tres mujeres para ser exactos. Todos llevaban entre sus manos armas de fuego, Mike era el único que portaba un hacha y una espada. Lo miré, furiosa, y me puse en posición de defensa, plantando los pies firmemente en la tierra lodosa y poniendo mis brazos a cada lado de mi torso con las manos vueltas puños.

—Adelante, asesíneme, si pueden. —Los

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