—¿De qué estás hablando, mi amor? Nunca podría llegar a mentirte — señaló a Jacob—. ¿Qué le dijiste a mi hija, cretino?
—La verdad y nada más que la verdad, suegrito — sonrió, encogiéndose de hombros.
—¡Deja de ser tan descarado, papá!
—Cora, mi amor, hablemos tú y yo a solas, ¿sí? Lo que este tipo te haya dicho, es mentira. Por favor, cree en mí.
—Bien, hablemos — accedí, aferrándome de la mano de Jacob—, pero mi esposo se queda con nosotros.
—Tu esposo es un vil mentiroso y un maldito estafad