PRISIONERO DE TUS LATIDOS. Capítulo 10
El gran día había llegado en la tríada, Samara estaba frente a un espejo con un vestido que había en un maniquí. El corte en el escote era precioso y al no ser acampanado, si no que ajustado a su figura, para ella adquirió un atractivo único.
—No sé cómo me convenciste de esto. —dijo tocando el bordado. —Es hermoso, pero tengo 34 años, no veinte para ilusionarme con este tipo de cosas.
—En primera, la vida no tiene un cronograma fijo para cumplir hitos que a menudo creemos que deben suceder en