Sabrina se dio la vuelta y vio un rostro familiar. La mujer estaba vestida de forma elegante y derrochaba arrogancia con cada movimiento que hacía.
"Lo siento, pero, ¿tú eres...?", preguntó Sabrina, tratando de descifrar en su memoria el rostro que tenía enfrente, pero parecía no poder hacerlo.
"¡Ja! ¡Deja de jugar! ¡Hemos hablado un par de veces! ¡Tu hija sigue quitándole juguetes a mi hija y tú siempre vienes a devolverlos!, y ¿ahora intentas fingir que no me reconoces?".
Sabrina finalmente