A ella no podían importarle mucho las cosas triviales. El mechón de pelo que le colgaba de la frente le tapaba un poco la cara. Su rostro estaba bañado por el tenue sol de la mañana, que resaltaba y hacía brillar aquel bonito lunar negro. Inesperadamente, Eevonne, quien tenía un aspecto tan natural, no llevaba maquillaje y además tenía pequeñas pecas en la cara, dejó atónito a Dash por tercera vez.
En un segundo, Dash recordó la adorable mirada que Eevonne tenía entonces mientras abrazaba su ap