El hombre que acababa de salir de la sala de operaciones estaba incomparablemente exhausto. Miró a esta mujer que no era muy joven con su mirada exhausta pero gentil. Las dificultades a través de los años que había sufrido podían verse en su rostro, pero también tenía la pureza de una persona ingenua, la cual hacía que las personas se sintieran incomparablemente lamentadas cuando la miraban a ella. El corazón del hombre se sobresaltó. “¿Tú eres?”.
En ese momento, algunas enfermeras y también la