Una alucinación apareció ante sus ojos. "Aino, Aino, ven aquí. Déjame darte un abrazo. Te compraré muchos juguetes. Te daré los mejores juguetes del mundo. Llámame... Llámame papá, ¿de acuerdo?".
En ese momento, era natural que Aino, quien estaba acostada junto a la cama de Hana, no pudiera escuchar esa llamada. Sin embargo, la niña se estremeció por alguna razón.
"¿Qué ocurre, Aino?", preguntó Hana.
"Nada. Quizá hace frío, así que tengo un poco de frío", dijo Aino con una sonrisa.
"Mi niña,