“Sab… Sabrina”. Nigel no sabía por dónde empezar. Parecía avergonzado, muy diferente a su forma habitual de ser.
De pie frente a Sabrina, con la cara sin afeitar y una expresión cansada, Nigel parecía haberse encontrado con la muerte.
En cambio, la expresión en el rostro de Sabrina era relajada. “Señor Connor, debería hablar si tiene algo que decir”.
“Sabrina, lo siento”, consiguió decir Nigel.
“Ya me lo dijo hace una semana. Acepto sus disculpas”, respondió Sabrina con una sonrisa amable.