Sabrina estaba tan conmocionada que ni siquiera sabía lo que estaba diciendo. "Tú... Jane... ¿Eres tú, Jane?".
Mientras tanto, la voz de Jane permanecía tranquila y gentil como siempre lo había sido: "Solo quiero decirte que podría tomarme un año o dos devolverte los diez mil dólares que me prestaste, Sabrina".
Sabrina empezó a llorar. "No... no digas más, Jane".
No había derramado ni una sola lágrima cuando recién ella huyó, pero no podía contenerse ahora. La dificultad de tener que cuidars