Capítulo treinta y cinco. La cigüeña vive en París
A la mañana siguiente y luego de una noche apasionada de reconciliación. Ryan y Emma bajaron al comedor para reunirse con la familia.
—Buenos días, mamá —saludó Emma sonrojándose al pensar que sus padres sabían lo que ella y Ryan estuvieron haciendo durante la noche y parte del amanecer.
—Buenos días, cariño, ¿todo bien? —preguntó al verla sonrojarse.
—Sí, todo bien.
—Buenos días, Natasha —Ryan fue un poco más atrevido y saludó a su suegra con un beso en la mejilla.
—Buenos días, Ryan, por favo