Capítulo setenta. Bienvenida a la familia
Ryan se quedó de una pieza al escuchar las palabras de su esposa y el helado de mango que tanto trabajo le había costado hacer terminó derramándose sobre el piso cuando él dejó caer el vaso.
—¿Natalia? —preguntó aturdido—. ¿Nuestra Natalia? —repitió.
Emma apretó los labios en una fina línea. Ella adoraba, amaba cuando Ryan se ponía divertido, pero aquella madrugada, aquella madrugada era totalmente distinta y el dolor que nacía en su bajo vientre y corría hasta su columna vertebral, le hizo g