— Edwin Cárdigan, Barón de Trelew—
Madeleine me entrega un papel y salimos de ese edificio, ni siquiera se dónde hemos estado las últimas dos horas. Estoy en shock.
Leo el papel y veo que es una dirección, se la indico al cochero y este nos lleva hacia allí.
Bajamos del carruaje y llamo a la puerta. A nuestro encuentro sale un hombre bastante mayor, se ve que está adormilado. Con las prisas no le me he dado cuenta de que ya medio Londres debe de andar durmiendo.
— Qué desean y a estas horas— di