Punto de vista de Cassandra
Alaric podía ser exasperante, pero Sinclair estaba en otra liga.
Las palabras se me quedaron clavadas en la cabeza como un grito que no podía soltar. Su aliento caliente me rozaba la cara, demasiado cerca, trayendo el leve olor a vino de la cena. Su palma seguía plana contra la pared junto a mi oreja, encerrándome. Sentía el calor que desprendía, la violencia apenas contenida en la tensión de sus hombros.
Me pegué más a la pared fría, como si pudiera atravesarla y de