Punto de vista de Cassandra
Si existía una sola razón de peso para abandonar este matrimonio, esa razón tenía nombre y apellido: Priscilla.
La detestaba con la misma intensidad con que ella me detestaba a mí. Su sola presencia me revolvía el estómago.
Era un imán para los problemas. No entendía cómo Alaric había conseguido criarla durante diez años, pero, desde luego, lo había hecho de pena. La agarré de la cara, apretándole las mejillas con fuerza.
Hasta el gato malvado que rondaba la casa par