Punto de vista de Cassandra
El murmullo a nuestro alrededor se desvaneció cuando las palabras de Blaire cayeron como plomo entre los tres.
—Las mujeres que roban a los hombres ajenos son repugnantes —dijo con ligereza, como si comentara el tiempo—. ¿No crees, Cassandra?
Mis dedos se crisparon sobre el borde de la mesa. Era ridículo. Blaire pensaba que yo era la amante. La situación no podía volverse más absurda. Supongo que ni en sus peores sueños imaginaba que yo era la esposa de Alaric.
Jason