En casa de Thierry, Solange y Alice estaban poniendo la mesa cuando Elena se unió a ellas.
—Buenos días, mamá. Buenos días, Alice —saludó Elena.
—Buenos días, hija. ¿Has dormido bien? —respondió su madre.
—Sí, mamá. Tu nieto está muy tranquilo —confesó, poniendo una mano sobre su vientre.
—Será tranquilo como su padre. Ven, siéntate —invitó Solange, acomodando una silla.
—Cuñada, tienes que comer bien, porque mi sobrino o sobrina será sin duda adorable, igual que