Elena estaba sentada cuando el alcalde de la ciudad se acercó para saludarla.
—¿Has esperado mucho tiempo? —preguntó él.
—Alrededor de una hora. Me gustaría que pudiéramos almorzar juntos al mediodía —respondió Elena.
—Sabes que es imposible, mi esposa podría vernos en cualquier momento.
—Siempre es tu esposa. ¿Cuándo vas a dedicarme tiempo? Incluso me pregunto por qué mi madre aceptó tu propuesta —replicó Elena, expresando su enfado.
—Te pido que no montes un escándalo, ¿de acuerdo? Nos vemos