Logré hacer que los guardias soltaran al señor Robinson, él cuál me miró muy agradecido y lo lleve a sentarse. Las delgadas piernas del hombre temblaban con cada pisada hasta la silla en la que lo ayude a sentarse.
-No puedo creer que lo estés defendiendo... ¿Acaso eres machista?
Emma me siguió. Ya no parecía estar dolida por el acontecimiento sino molesta y actuaba muy prejuiciosa.
-No soy machista.
Le dí un poco de agua al señor.
-¿Entonces por qué ayudas a ese vie