99. Mi princesa Mérida
Gregor estaba a punto de llorar, no había perdido todo con Anna por un desliz de la noche, se sentó y sintió cómo se le revolvía, el estómago respiró profundo y en ese momento vi un vestido de boda al otro lado de la habitación.
“¿De paso la mujer continúa aquí?, esto es un desastre por completo”
Con cuidado se asomó hacia la cama y allí, de espaldas a él, desnuda y solamente cubierta con un poco de la sábana que cubría su intimidad, se encontraba una pelirroja de cuerpo de ensueño.
“¿Quién di