Lentamente Enzo abrió los ojos, giró la cabeza hacia los costados, en una silla se encontraba Hanna dormida, él levantó la mano izquierda y la llevó hasta su brazo derecho, se encontraba vendado, se tocó soltando un fuerte quejido, ella de inmediato despertó.
—¿Está bien, quiere tomar agua? —preguntó Hanna acercándose rápidamente.
—Estoy bien, no hay necesidad de que te quedes en esta misma habitación, ve y duerme en tu cuarto —gruñó Enzo.
—Aún no se levante de la cama, Emilio se encargó de c