Santino no lograba comprender la reacción de Emilio, lo único que deseaba era que le recibieran aquel paquete y le entregaran el dinero para hablar con Dante y así de una buena vez solucionar aquella situación lo más antes posible.
—¿Qué sucede, acaso usted no es Emilio? —preguntó Santino.
—Sí, ese soy yo —respondió Emilio, quien no podía retirar la mirada de Santino.
—¿Cuál es tu nombre? —preguntó Emilio con gran curiosidad.
—Mi nombre no importa, lo único que necesito es que me entregue el